Me hubiera gustado saber



Hay muchas cosas que hubiera querido saber antes; cosas que descubres y dices ¿cómo no lo vi? ¿cómo no me cuestioné?


Podría hacer una lista interminable de descubrimientos que he hecho en los últimos años y la dividiría en varias áreas. Algunos descubrimientos son pequeños y otros son grandes, o por lo menos a mí me lo parecen porque los he sentido como meteoritos que rompieron con mis estructuras y me dejaron atónita, con miedo, con avidez, con culpa.


En esta ocasión quiero compartir que entre los cambios que tuve en la última década, el más grande fue el enfoque de mi práctica como nutrióloga.


Cuando mi papá falleció y comencé un proceso terapéutico, me di cuenta que era poco sostenible para mí seguir con tantas reglas alrededor de la comida; no tenía la energía ni las ganas de hacerlo de ese modo. Así que empecé a aprender acerca de la alimentación intuitiva y de salud en todas las tallas. Esto me resultó liberador, aunque muy duro al mismo tiempo porque yo pensaba que, con toda la intención de hacer bien, había hecho daño.


Recuerdo cuando mi papá me dijo que tenía diabetes. Mis sentimientos fueron de tristeza y preocupación, porque siempre había sabido que por ambos lados de mi familia corre esta enfermedad. Había crecido escuchando los cuidados que debía llevar mi abuelita y yo misma le preparaba en ocasiones sus comidas “especiales”. Se puede decir que viví de primera mano su enfermedad.


Entonces sentí que tenía que hacer algo. Sabía que con los cuidados necesarios, mi papá estaría bien, que solo tenía que estar al pendiente de él.


Me convertí en una policía nutricional; así, con todas sus letras. Las comidas en la casa cambiaron en su totalidad de la noche a la mañana, lo cual, como se podrán imaginar, fue difícil para él. Cuando salíamos a comer, él no se sentía libre para elegir, porque yo estaba vigilando. Mi papá fue perdiendo su autonomía, pero se trataba de su cuerpo, de su salud. Escribo esto y me invade la tristeza ¿Cómo no lo vi?


Después de su muerte, algunas personas me contaban las “travesuras” de mi papá. Cuando yo no estaba, comía las empanadas que tanto le gustaban, o pedía el combo más grande en el cine. Fue muy difícil para mí llevar al nivel racional y consciente que es más relevante el impacto que la intención. Nuestra intención puede ser muy buena, pero sin darnos cuenta podemos estar haciendo lo contrario de lo que buscamos.


Ahora que soy educadora en diabetes y que trabajo desde otro paradigma, entiendo muchas cosas. Sé que un enfoque no centrado en el peso para el cuidado de la diabetes, nos permite prevenir conductas alimentarias de riesgo, ciclos de pérdida y reganancia de peso, y estigma por el peso. Sé que su cuidado no debería de consistir en imposiciones arbitrarias y que no existe “la dieta para la diabetes”. Sé también que una persona va definiendo por sí misma los cuidados que puede y quiere tener y que yo solo soy una acompañante que atestigua. La información es muy importante, lo sé. Pero también lo es el tener conocimiento de tu cuerpo y saber que tienes autonomía.


Nadie nos da un mapa; vamos haciendo lo mejor que podemos con lo que tenemos. Hoy pienso que todos esos caminos recorridos, todos esos errores cometidos y todas esas personas en mi vida, me han traído a este momento, a esta realidad. Siguen habiendo nuevos descubrimientos y toca seguir (des)aprendiendo, eso es continuo.


Y cuando me invaden los ¿cómo no lo vi? ¿cómo no me cuestioné? Recuerdo que soy humana, que hice lo que creí mejor. Trato de llevar a mi mente la mirada de mi papá, para que su abrazo cálido envuelva todo mi ser.


Karla Garza

Karla es nutrióloga y educadora en diabetes.


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